En Los EE. UU., Obispos Reaccionan Después de Dimisión de McCarrick

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Las acusaciones que rodearon al ex cardenal estadounidense Theodore E. McCarrick afectaron no solo a los obispos del país, pero también a las comunidades religiosas de los Estados Unidos en las diócesis y arquidiócesis donde trabajó—Nueva York, Metuchen y Newark en Nueva Jersey, y Washington—desde el año pasado.

A pesar de que la decisión de la dimisión se esperaba, cuando se anunció oficialmente el 16 de febrero, las noticias llevaron un tono sombrío a aquellas comunidades de fe que ya estaban lidiando con lo que había sucedido entre ellos en el pasado y otros esperaban que la decisión del Vaticano pudiera ayudar a la iglesia en Estados Unidos darle vuelta a la página.

Al anunciar su decisión, el Vaticano dijo que McCarrick fue declarado culpable de “solicitaciones en confesión y violaciones del sexto mandamiento del Decálogo con menores y adultos, con la circunstancia agravante del abuso de poder”.

El cardenal Joseph W. Tobin de Newark dijo en un comunicado tras el anuncio que era “profundamente” inquietante saber que un líder de la iglesia, que sirvió y dirigió la Arquidiócesis de Newark durante 14 años, “actuó de manera contraria a la forma de vida cristiana”. Pidió perdón “a todos los que han sido abusados por el clero, especialmente a las víctimas de Theodore McCarrick.”

Expresó su profunda tristeza y ofreció “mis sinceras disculpas por el sufrimiento que han sufrido”, dijo.

“Apoyo su continua sanación y sigo con mi compromiso de orar por ustedes. También les pido a mis hermanos y hermanas en Cristo que oren por las victimas del clero y por los transgresores también”, dijo el cardenal Tobin.

James Grein, uno de los que públicamente dijo que fue abusado por el ex cardenal, dijo en un comunicado emitido por su abogado “hoy estoy feliz porque el papa me ha creído”.

“Durante años he sufrido, como muchos otros, a manos de Theodore McCarrick”, dijo en el comunicado. “Con profunda tristeza he tenido que participar en la prueba canónica de mi abusador. Nada puede devolverme mi infancia y no me ha gustado testificar ni discutir lo que me sucedió. No hay ganadores aquí”.

Sin embargo, Grein, quien habló con funcionarios del Vaticano sobre el abuso que dijo que sufrió sexualmente a manos de McCarrick cuando era un niño de 11 años (actos que dijo que ocurrieron durante una confesión), dijo que tenía esperanza de liberarse de su furia.

“Espero que el cardenal McCarrick ya no pueda usar el poder de la Iglesia de Jesús para manipular a familias y abusar sexualmente de niños”, dijo.

Dijo que la decisión “santa” era histórica, y expreso que “es hora de que limpiemos la Iglesia”.

Se cree que McCarrick está aún viviendo en una pequeña comunidad religiosa de franciscanos capuchinos, en el convento de San Fidelis, en una zona rural de Victoria, Kansas, donde el Vaticano le impuso, a fines de septiembre, “una vida de oración y penitencia” hasta que se pudieran examinar las acusaciones contra él.

“El señor McCarrick continuará viviendo en el convento de San Fidelis en Victoria hasta que se finalice una decisión de su residencia permanente”, dijo el obispo Gerald L. Vincke, quien dirige la Diócesis de Salina, Kansas, donde se encuentra el convento.

Obispos y organizaciones reaccionaron casi inmediatamente al pronunciamiento del Vaticano.

La Universidad de Notre Dame anunció que estaba rescindiendo el título honorífico que le otorgó en 2008, una decisión que la universidad había dicho que tomaría en cuenta una vez que el Vaticano llegara a una conclusión final sobre las acusaciones, dado que McCarrick había expresado su inocencia.

McCarrick dijo en una declaración el 20 de junio, tras el anuncio de que estaba renunciando del Colegio de Cardenales, que no tenía “absolutamente ningún recuerdo” de las acusaciones de abuso que surgieron los periódicos estadounidenses. Dos personas dijeron que los había abusado cuando eran niños durante sus primeros años como sacerdote: acusaciones que abarcaban casi cinco décadas y eran demasiado viejas para ser procesadas legalmente.

El cardenal de Boston, Sean P. O’Malley, calificó la acción del papa como “importante para administrar justicia” por los “crímenes y pecados” de McCarrick, pero “no puede por sí misma” sanar a las personas terriblemente perjudicadas por las escandalosas violaciones durante su ministerio, dijo.—CNS

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