Cumbre de la Biblia Realza la Virtud de la Misericordia En Tiempos de Incertidumbre

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Hable de misericordia, muestre misericordia, viva la misericordia. Ese fue la tarea asignada por el arzobispo José Octavio Ruiz Arenas, secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, a los asistentes a la Cumbre de la Biblia en Nueva York.

El arzobispo, nativo de Colombia y quien pronunció su discurso en español, fue uno de los dos presentadores principales en la séptima cumbre anual el 18 de junio en la escuela secundaria Catedral High School ubicada en el Centro Católico de Nueva York en Manhattan.

El encuentro de un día completo, realizado en inglés y español, atrajo a casi 700 prsonas, según sus organizadores. La celebración del Año Jubilar de la Misericordia de la Iglesia fue puesta en relieve a lo largo de la cumbre, la cual comenzó con una misa de apertura ofrecida por el cardenal de Boston, Sean O’Malley.

Misericordia, perdón, amor y compasión son dones del Señor, dijo el arzobispo Arenas, en su discurso de apertura, y son una parte integral que debe mantenerse dentro de la familia, la comunidad y la sociedad. Como tal, estas han sido siempre los mensajes centrales de la iglesia católica; y, subrayó el arzobispo, Cristo llama a todos a amarnos los unos a los otros como él nos ama, y el Papa Francisco nos llama a reflexionar al respecto y a practicar conscientemente la misericordia.

“Estamos en un tiempo lleno de indiferencia –tenemos que poner en la práctica la misericordia, tal como lo dice el Papa”, añadió el arzobispo Arenas. “Dios es amor; esto es una realidad que es visible en Jesús. Estamos llamados a amar”. El también destacó el llamado del Papa para ayudar a los pobres.

Al instar a los asistentes a ser misericordiosos, particularmente durante los actuales tiempos preocupantes e inciertos en todo el mundo, el arzobispo Arenas hizo alusión a la matanza del 12 de junio en Orlando, Florida. El también recordó los tiempos llenos de violencia en su Colombia natal en los años 1980 y 1990, tal como es el caso ahora en México.

La misericordia también fue el tema central de la homilía pronunciada por el cardenal O’Malley durante la liturgia de apertura. Su ciudad también fue golpeada por terribles actos de violencia hace tres años durante el maratón de Boston.

“La misericordia es el rostro de Dios”, dijo el cardenal O’Malley. “Debe ser también nuestra cara -debe ser el rostro de la Iglesia”, el agregó. “La misericordia comienza con Dios, y él también nos quiere ver misericordiosos”.

El cardenal O’Malley también habló de la bondad de la misericordia, la forma en que transforma a las personas y cómo cambia vidas.

La Cumbre de la Biblia fue patrocinada por la Oficina de Catequesis de la Arquidiócesis y por la Sociedad de la Biblia Americana. Los líderes de ambas organizaciones también ofrecieron declaraciones de bienvenida.

“Espero que encuentren este día enriquecedor”, dijo la hermana Joan Curtin, C.N.D., directora de la Oficina de Catequesis. El doctor Roy L. Peterson, presidente y CEO de la Sociedad de la Biblia Americana dijo estoy agradecido por “la alegre colaboración” de la cumbre.

El gimnasio de la escuela sirvió como sitio principal de la reunión para la cumbre, incluyendo la misa de apertura, la cual había sido originalmente programada para ser celebrada en la iglesia de San Juan Evangelista, pero que después fue reubicada debido al alto número de personas registradas para el evento.

Hubo más de una docena de talleres, presentados en inglés y español, entre los cuales los asistentes pudieron escoger. Cada uno fue dirigido por importantes eruditos -clero, religiosos y laicos, de los Estados Unidos y del extranjero, incluyendo España, Uruguay y México.

Entre los talleres estuvo “La Misericordia-Vocación de la Iglesia” llevado a cabo en español por el arzobispo Arenas.

“Lo más importante”, señaló el arzobispo en su taller, es “evangelizar de una manera tal que la gente pueda encontrar a Jesús en sí mismos”.

Entre los asistentes a la cumbre estuvo Carmen Smith, de 80 años de edad y de la parroquia de Santa Teresa en el bajo Manhattan, quien nació y se crio en la República Dominicana. “Todo esto ha sido muy unificador,” dijo la señora Smith en español. “Dios es amor”, ella añadió.

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