Diáconos Recién Ordenados Invitados a Servir por el Cardenal Dolan

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Siete hombres fueron ordenados diáconos permanentes para la arquidiócesis el 19 de junio en la Catedral de San Patricio. La misa de ordenación fue celebrada por el cardenal Dolan, quien también sirvió como homilista.

“Así que aquí estamos, todos, no en Jerusalén sino en Nueva York”, dijo el cardenal en su homilía durante la misa matutina, hablando de él y otros líderes de la Iglesia que continúan con las obras de los apóstoles.

“Seguimos invitándolos a servir en la mesa; a servir en la mesa como diáconos... Esta arquidiócesis les da la bienvenida. Los queremos mucho; los necesitamos. Y alabamos a Dios esta mañana por seguir llamando a hombres a servir en la mesa. Los diáconos están llamados a servir en la mesa, la mesa del Santo Altar".

El cardenal continuó hablando acerca de San José, y señaló cómo el papa Francisco dedicó este año al padre adoptivo de Cristo.

"San José es el máximo hombre en la mesa”, dijo el cardenal. “Él era carpintero; fue llamado a construir mesas. Era un hombre de pocas palabras, y ustedes, los diáconos, tendrán pocas palabras en la Mesa de la Eucaristía; pocas, pero importantes".

El obispo auxiliar Edmund Whalen, vicario del clero, ayudó al cardenal Dolan en el rito de ordenación, diciendo: “La Santa Madre Iglesia le pide que ordene a estos hombres, nuestros hermanos, a sus responsabilidades con el diaconado... Elegimos a estos hombres, nuestros hermanos, a la Orden del Diaconado”.

El cardenal respondió: “Bueno, contando entonces con la ayuda de nuestro Señor Dios y de nuestro Salvador Jesucristo, los elegimos a ellos, nuestros hermanos, para la Orden del Diaconado. Gracias a Dios; gracias a Dios." Esto fue recibido con un fuerte aplauso por parte de la congregación.

“Bienvenidos a nuestros nuevos hermanos diáconos”, agrego el cardenal Dolan.

La primera lectura, leída en español, fue del capítulo 6 del Libro de los Hechos, que dice: “Ellos presentaron a estos hombres a los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos. La palabra de Dios siguió difundiéndose y el número de discípulos en Jerusalén aumentó enormemente”.

La Lectura del Evangelio, leída en inglés, fue del capítulo 10 de San Lucas, el cual dice: “En cualquier casa en la que entres, primero diga: 'Paz en esta casa'... Cura a los enfermos en ella (en cualquier ciudad en la que entres) y diles a esas personas, 'El reino de Dios está a la mano'”.

Varios cientos de personas, incluyendo muchos familiares y amistades que apoyaban a los nuevos diáconos, asistieron a la misa.

Los siete nuevos diáconos, todos con años de servicio fiel en sus comunidades parroquiales, son:

Diácono Martin Asiamah, de 46 años, feligrés de la parroquia de San Lucas en el Bronx. Ha trabajado para la compañía Tiffany y ahora trabaja para la aseguradora New York Life Insurance. Él y su esposa Rita tienen cuatro hijos.

Diácono Fernando Cortés, de 58, feligrés de la parroquia de San Bernardo en White Plains. Es dueño de un negocio de control de plagas. Él y su esposa Sidia son padres de dos.

Diácono Stephen DiGangi, 68, feligrés de la parroquia de Santa María de la Asunción en Katonah. Recientemente se jubiló de las escuelas Katonah Lewisboro. Él y su esposa Elizabeth son padres de cinco y abuelos de seis.

Diácono John Hum, de 66, feligrés de San Eugenio en Yonkers. Está jubilado de la industria de servicios financieros.

Diácono Walter López, de 62 años, feligrés de la parroquia de Santa Isabel Ana Seton en Shrub Oak. Es un detective jubilado del departamento de la policía de Nueva York. Él y su esposa Rose son padres de dos.

Diácono Juan Martínez, 47, feligrés de San Vito y la Santísima Trinidad en Mamaroneck. Es un trabajador social administrativo del Montefiore Medical Center. Él y su esposa Katya tienen dos hijos.

Diácono Joseph F. Schiavone, de 65, feligrés de la parroquia de la Sagrada Familia en Staten Island. Trabajó para la ciudad de Nueva York como diseñador arquitectónico. Él y su esposa Fran tienen tres hijos.

“Me siento muy bendecido. Doy gracias a Dios por este momento”, dijo el Diácono Martínez a Catholic New York después de la misa. “Y doy gracias a la Iglesia en Nueva York y a mi parroquia, a todos en la comunidad por su amor y apoyo”.

El Diácono Martínez agregó: “Este es un gran día, especialmente después del año pasado con la pandemia. La homilía fue perfecta; todos estamos llamados a servir; para servir a los enfermos, a los pobres, a todos los necesitados”.

El Diácono DiGangi, en una entrevista, dijo: “Este día especial está lleno de gozo, con el Espíritu Santo que ha venido sobre mí y me ha empoderado para dar a la comunidad para servir a la gente de mi parroquia y a la gente de Nueva York".

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