SEÑOR, A QUIÉN IREMOS

El Poder Atemporal del Rosario

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Este viernes tengo el honor de ofrecer una misa conmemorativa para una mujer notable, Stephanie O’Keefe, la madre de mi maravillosa asistente administrativa, Ann O’Keefe Bave, quien fue al Señor el 5 de julio después de noventa y un elegantes e vibrantes años.

Conocí a su familia en el almuerzo después de su entierro (una Misa Fúnebre no era posible con las restricciones del Covid-19) y disfruté del compartir e recuerdos de ella.

Uno de sus hijos, Michael, un actor de cine exitoso, fue amable al compartir conmigo un artículo conmovedor que escribió para la publicación Irish Central en el que reflexiona sobre las poderosas emociones que atravesó por el fallecimiento de su madre.

Mientras que Michael es el primero en admitir que es apenas un “alt-Católico,” es claro para mí, desde su meditación, que la “imaginación Católica” es muy fuerte en él.

En la habitación junto a la cama de su madre, momentos después de su muerte, Michael indico que pudo conectarse con su madre a través del Rosario. Ella tenía uno en sus manos, entregado por el capellán del hospital. Michael lo tomó y oró por y con su mamá, “... ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”

¡El poder encantador, místico, y atemporal del Rosario! ¡Gracias, Michael, por recordándonos! Gracias, mamá, por transmitirlo a sus hijos.

Mi querida mamá, de la misma edad que Stephanie, está bien, gracias a Dios, pero hace dos semanas me llamó desesperada para informarme, ¡que había perdido su rosario! Qué podía yo hacer al respecto aquí en Nueva York, y cuál de la docena de rosarios, que le envié, no pudo ella encontrar, no dijo. Pero ahí está de nuevo: el poder encantador, místico y atemporal del Rosario. ¡Lo único que ella sabía es que iba a ser difícil pasar el día sin él!

Mientras escribo esto, me acerco al rosario irlandés de Knock que he llevado por décadas; en mi capilla tengo uno que pertenecía al Arzobispo Fulton J. Sheen; y en mi mesita de noche está la de mi abuela, que brilla en la oscuridad.

Es muy sencillo, infantil, bíblico y repetitivo ... todos los rasgos más atractivos de la oración fructífero.

Lo menciono porque octubre es el mes del Rosario. El miércoles, 7 de octubre, es la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

La Hermana Bosco, en el segundo grado, nos dijo que octubre es el mes del Rosario porque está lleno de colores brillantes, cielos más azules y vientos frescos, recordándonos el resplandor de María. También es el mes en que el verano se desvanece y el otoño es lujoso, recordándonos el camino de la vida, nuestro paso por la vida, tal como recordamos que Jesús hizo cuando tocamos las cuentas meditando en, ¡Su nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión!

Hace un par de semanas, estaba en otro embotellamiento de tráfico. Entonces, decidí rezar el Rosario. (Ese es otro lugar donde yo guardo uno, colgando del espejo). Justo al lado de nosotros había un prójimo que desacelero lentamente, manteniéndose a nuestro paso, e intercambiamos un saludo y una sonrisa. Luego noté que tenía un rosario colgando de su espejo retrovisor. Pronto baje la ventana, le muestro mi rosario en mis manos y le hago saber que lo estoy rezando. Al instante lo notaba confundido y dijo: “Pensé que era una decoración. ¡No pensé que estaba destinado a ser usado!”

¡Piense de nuevo! ¡Especialmente en el mes de octubre!

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