En la Catedral, Oraciones por la Justicia y la Paz en Cuba

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En un apasionado mensaje de homilía, un obispo oriundo de Cuba llamó al pueblo de su amada nación caribeña a seguir luchando por la justicia y la paz, y a rezar por la intercesión de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.

“Estamos aquí para conmemorar la solemnidad de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre”, dijo el obispo auxiliar Manuel A. Cruz, de la Arquidiócesis de Newark, durante la misa anual de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre celebrada el 5 de septiembre en la Catedral de San Patricio.

“Me siento muy bendecido de estar aquí con todos ustedes, la comunidad hispana; hermanos y hermanas de Cuba. Gracias por su presencia.”  

El obispo Cruz, quien se desempeñó como celebrante principal de la misa, destacó la gratitud especial que sintió por el hecho de que la catedral estuviera disponible para que la comunidad cubana se reuniera y rezara “por la libertad, la justicia y la paz”. El obispo señaló que este ha sido “un año de esperanza, un año de sueños”, aludiendo a las masivas protestas que estallaron este verano en Cuba, manifestaciones en las cuales los protestantes exigieron la libertad de décadas de represión. 

“No podemos quedarnos en silencio”, dijo el obispo. “Tenemos que gritar la verdad; tenemos que gritar que queremos libertad. Queremos que termine el dolor y la opresión de los últimos 62 años... ¡Ya! ¡Enough! (¡Suficiente!)”.   

El obispo también dijo que el mensaje de los manifestantes en Cuba este verano fue: “Preferimos morir en las calles diciendo lo que hay en nuestro corazón, que morir de hambre”. Añadiendo: “Escuchamos en la lectura del Evangelio de hoy (Lucas 14) cómo Cristo buscó a los que sufren; sanó a un hombre que no podía oír, y entonces el hombre pudo oír las Buenas Nuevas de salvación ".

El obispo Cruz, de 67 años, vino de Cuba con sus padres en 1966 cuando tenía 12 años. “Dios nos creó libres... Mis padres me trajeron a este país, a esta tierra, para vivir en libertad”, explicó el obispo. “Muchos de nosotros aquí tenemos nuestras propias historias de dolor y separación... Hoy le doy gracias a Dios y gracias a este gran país, los Estados Unidos de América. En el año 1966 abrieron las puertas y nos acogieron como refugiados. Como se dice en los Salmos, el Señor es mi refugio, mi roca, mi fuerza”.

El final de la homilía de 18 minutos fue recibido con vítores y aplausos.

 

En Cuba, en julio estallaron protestas sin precedentes en las que muchas personas exigieron libertades sociales negadas durante mucho tiempo y expresaron su enojo y frustración por el deterioro económico y social, una situación agravada por la pandemia. Esto fue seguido por una gran represión del gobierno con muchos arrestos. En Miami, muchos en la gran comunidad cubanoamericana se solidarizaron públicamente con sus compatriotas cubanos de la isla.

Aquí en Nueva York, la Misa del Cobre de este año en la catedral sirvió como un momento y lugar para que muchos cubanos en el área metropolitana se reunieron en oración y solidaridad, sabiendo que hay un significado urgente dado el terrible malestar y la violenta represión que estalló en su amada nación este verano.

Cecilia Soler, presidenta del Comité arquidiocesano de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, estuvo entre los lectores durante la Oración de los Fieles, la cual incluyó peticiones para mejorar la vida de la gente en Cuba. En un momento, mientras ella hablaba, se sintió abrumada por una emoción llorosa. El obispo Cruz se acercó a ella y colocó su brazo izquierdo sobre su hombro en un suave gesto de consuelo; y la Sra. Soler continuó leyendo.

Más tarde, durante las palabras de clausura, la Sra. Soler pronunció comentarios de sincera gratitud por la misa. La Sra. Soler, en una entrevista que dio el mes pasado a Catholic New York, dijo que los sufrimientos de los últimos 62 años bajo el régimen del gobierno cubano han sido “muy dolorosos, lo qué ha pasado en Cuba y lo qué está pasando. Mi esperanza es que el régimen termine, pero hay mucha represión”.

Después de la misa, la Sra. Soler repartió flores que habían adornado una estatua de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en los escalones del altar. Junior Rodríguez, de 52 años, estaba cerca y dijo a CNY: "Soy cubano y la homilía realmente me llegó al corazón. Extraño a mi país. Llevo aquí más de 25 años. Ver todos los eventos recientes en Cuba, me rompe el corazón; es donde nací y crecí. El mensaje fue realmente profundo; fue muy emotivo... Mi padre fue un preso político en Cuba y ahora vive en Miami”. Rodríguez es feligrés de la parroquia de San Ignacio de Loyola en Manhattan. 

También después de la liturgia, Lourdes García, miembra del Comité de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, dijo a CNY: “Fue un hermoso mensaje del obispo. Fue emotivo, fue para la comunidad cubana. Él habló desde su corazón como refugiado cubano... Yo fui una Marielita (parte del grupo que salió en bote desde el puerto de Mariel en Cuba en 1980)".

A la liturgia en español asistieron unas 800 personas. Los acompañantes incluyeron al monseñor Robert Ritchie, rector de la catedral; el padre Lorenzo Ato, director de comunicaciones del Ministerio Hispano arquidiocesano; y el padre Brian McWeeney, director de apostolados étnicos y movimientos eclesiales. 

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